El futuro del mundo ambiente

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El futuro del mundo ambiente

Mensaje por Admin el Lun Jun 01, 2015 1:18 pm

Las perspectivas de futuro, en lo que al medio ambiente se refiere son poco claras. A pesar de los cambios económicos y políticos, el interés y la preocupación por el medio ambiente aún es importante. La calidad del aire ha mejorado, pero están pendientes de solución y requieren una acción coordinada los problemas de la lluvia ácida, los clorofluorocarbonos, la pérdida de ozono y la enorme contaminación atmosférica del este de Europa. Mientras no disminuya la lluvia ácida, la pérdida de vida continuará en los lagos y corrientes del norte, y puede verse afectado el crecimiento de los bosques. La contaminación del agua seguirá siendo un problema mientras el crecimiento demográfico continúe incrementando la presión sobre el medio ambiente. La infiltración de residuos tóxicos en los acuíferos subterráneos y la intrusión de agua salada en los acuíferos costeros de agua dulce no se han interrumpido.

El agotamiento de los acuíferos en muchas partes del mundo y la creciente demanda de agua producirá conflictos entre el uso agrícola, industrial y doméstico de ésta. La escasez impondrá restricciones en el uso del agua y aumentará el coste de su consumo. El agua podría convertirse en la crisis energética de comienzos del siglo XXI. La contaminación de las aguas dulces y costeras, junto con la sobreexplotación, ha mermado hasta tal punto los recursos de los caladeros piscícolas que sería necesario suspender la pesca durante un periodo de cinco a diez años para que las especies se recuperaran. Si no se desarrollan esfuerzos coordinados para salvar hábitats y reducir el furtivismo y el tráfico internacional ilegal de especies salvajes, muchas de ellas se extinguirán. A pesar de nuestros conocimientos sobre cómo reducir la erosión del suelo, éste continúa siendo un problema de alcance mundial. Esto se debe, en gran medida a que muchos agrónomos y urbanistas muestran un escaso interés por controlarla. Por último, la destrucción de tierras vírgenes, tanto en las regiones templadas como en las tropicales, puede producir una extinción masiva de formas de vida vegetales y animales.

Para reducir la degradación medioambiental y salvar el hábitat de la humanidad, las sociedades deben reconocer que el medio ambiente es finito. Los especialistas creen que, al ir creciendo las poblaciones y sus demandas, la idea del crecimiento continuado debe abrir paso a un uso más racional del medio ambiente, pero que esto sólo puede lograrse con un espectacular cambio de actitud por parte de la especie humana. El impacto de la especie humana sobre el medio ambiente ha sido comparado con las grandes catástrofes del pasado geológico de la Tierra; independientemente de la actitud de la sociedad respecto al crecimiento continuo, la humanidad debe reconocer que atacar el medio ambiente pone en peligro la supervivencia de su propia especie.Hoy en día, nuestro mundo y nuestro planeta viven el mejor de los tiempos y el peor de los tiempos. El mundo está experimentando una prosperidad sin precedentes, pero el planeta también está bajo un estrés sin precedentes. La desigualdad entre los ricos y los pobres del mundo es cada vez mayor, y todavía hay más de 1.000 millones de personas que viven en la pobreza. En muchos países se están levantando olas de protestas que reflejan aspiraciones universales a un mundo más próspero, justo y sostenible.
Cada día, las personas, las empresas y los gobiernos eligen millones de opciones. Nuestro futuro común depende de todas ellas. Debido a los diferentes problemas superpuestos a los que se enfrenta el mundo, es más urgente que nunca tomar medidas para seguir los principios de la agenda del desarrollo sostenible. Ha llegado la hora de emprender una acción global genuina para que las personas, los mercados y los gobiernos elijan opciones sostenibles.
La necesidad de integrar las dimensiones económica, social y ambiental del desarrollo a fin de lograr la sostenibilidad se definió claramente hace un cuarto de siglo. Ha llegado el momento de integrar esas dimensiones. Las oportunidades de cambio son enormes. No somos víctimas pasivas e indefensas de las fuerzas impersonales y deterministas de la historia. Y lo interesante es que podemos elegir nuestro futuro.
Los desafíos son enormes, pero también lo son las nuevas posibilidades que aparecen cuando examinamos los viejos problemas con una nueva perspectiva. Entre estas posibilidades cabe mencionar las tecnologías que pueden hacernos retroceder ante los umbrales planetarios; los nuevos mercados, el nuevo crecimiento y los nuevos puestos de trabajo derivados de la transformación de productos y servicios; y los nuevos enfoques de financiación pública y privada que puedan ayudar realmente a las personas a salir de la trampa de la pobreza.
Lo cierto es que el desarrollo sostenible consiste fundamentalmente en que las personas tengan oportunidades para influir en su futuro, reclamar sus derechos y expresar sus preocupaciones. La gobernanza democrática y el pleno respeto de los derechos humanos son requisitos indispensables para empoderar a las personas y conseguir que elijan opciones sostenibles. Los pueblos del mundo ya no tolerarán que continúe devastándose el medio ambiente ni que persistan las desigualdades que ofenden profundamente el arraigado principio universal de justicia social. Los ciudadanos ya no aceptarán que los gobiernos y las empresas, guardianes de un futuro sostenible para todos, no cumplan los pactos que concertaron con ellos. En términos generales, las autoridades internacionales, nacionales y locales alrededor del mundo, al igual que la sociedad civil y el sector privado, deben asumir plenamente los requisitos para lograr el desarrollo sostenible en el futuro. Al mismo tiempo, hay que alentar a las comunidades locales a que participen activamente y de forma coherente en la conceptualización, planificación y aplicación de políticas de sostenibilidad. Para ello es fundamental incluir a los jóvenes en la sociedad, en la política y en la economía.
Por lo tanto, la visión a largo plazo del Grupo de alto nivel sobre la sostenibilidad mundial es erradicar la pobreza, reducir la desigualdad y hacer que el crecimiento sea inclusivo y que la producción y consumo sean más sostenibles, luchando al mismo tiempo contra los efectos del cambio climático y respetando otros límites planetarios. Esta visión reafirma el informe decisivo que publicó en 1987 la Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo con el título «Nuestro futuro común» (documento de las Naciones Unidas A/42/427 Documento PDF, anexo), conocido por todos como el informe Brundtland.
Pero ¿qué hay que hacer para cambiar realmente la vida de la población del mundo y el planeta? Tenemos que comprender las dimensiones del problema. Debemos reconocer que las fuerzas que lo causan son los estilos de vida insostenibles, las modalidades de producción y consumo insostenibles y los efectos del crecimiento demográfico. Dado que la población mundial aumentará de 7.000 millones a casi 9.000 millones para 2040, y que el número de consumidores de clase media aumentará en 3.000 millones durante los próximos 20 años, la demanda de recursos aumentará exponencialmente. Para el año 2030, el mundo necesitará por lo menos un 50% más de alimentos, un 45% más de energía y un 30% más de agua —todo ello en un momento en que los límites del medio ambiente imponen nuevos límites al suministro. Esto sucede sobre todo con el cambio climático, que incide en todos los aspectos de la salud humana y del planeta.
El modelo de desarrollo mundial actual es insostenible. No podemos continuar suponiendo que nuestras acciones colectivas no darán lugar a situaciones sin retorno en la medida que no respetamos los umbrales críticos del medio ambiente, lo que puede causar daños irreversibles para los ecosistemas y las comunidades humanas. Al mismo tiempo, estos umbrales no deberían utilizarse para imponer límites arbitrarios al crecimiento de los países en desarrollo, que tratan que su población supere la pobreza. De hecho, si no somos capaces de resolver el dilema del desarrollo sostenible, corremos el riesgo de condenar hasta 3.000 millones de miembros de nuestra familia humana a una vida de pobreza endémica. Ninguno de estos resultados es aceptable, por lo que tenemos que encontrar un nuevo camino hacia adelante.
Hace un cuarto de siglo, el informe Brundtland presentó a la comunidad internacional el concepto de desarrollo sostenible como una nueva modalidad para el crecimiento económico, la igualdad social y la sostenibilidad ambiental. En el informe se afirmaba que el desarrollo sostenible podría lograrse con un marco normativo integrado que abarcara esos tres pilares. El informe Brundtland tenía razón entonces y sigue teniéndola hoy. El problema es que, 25 años después, el desarrollo sostenible se mantiene como un concepto de aceptación generalizada, pero todavía no como una realidad cotidiana y práctica en el terreno. El Grupo se ha preguntado por qué es así y qué se puede hacer para cambiar la situación.
El Grupo ha llegado a la conclusión de que existen dos posibles respuestas, las dos acertadas y relacionadas entre sí. Es indudable que el desarrollo sostenible se ha visto afectado por una falta de voluntad política. Es difícil argumentar en contra del principio del desarrollo sostenible, pero hay pocos incentivos para ponerlo en práctica cuando nuestras normas, políticas e instituciones recompensan desproporcionadamente los logros a corto plazo. En otras palabras, el beneficio político es de largo plazo, frecuentemente intergeneracional, en tanto que los desafíos políticos suelen ser inmediatos.
Existe otra respuesta para la pregunta de por qué el desarrollo sostenible no se ha puesto en práctica. Es una respuesta que discutimos con verdadera pasión: el concepto de desarrollo sostenible aún no se ha incorporado en el debate nacional e internacional dominante sobre las políticas económicas. La mayoría de los encargados de adoptar decisiones económicas siguen pensando que el desarrollo sostenible es algo ajeno a sus responsabilidades fundamentales relacionadas con la gestión macroeconómica y otras ramas de la política económica. Sin embargo, es crucial que las cuestiones ambientales y sociales se integren en las decisiones económicas para tener éxito.
Durante demasiado tiempo, los economistas, activistas sociales y expertos en medio ambiente se han limitado a hablar sin escucharse unos a otros —casi como si hablaran idiomas diferentes, o al menos diferentes dialectos. Ha llegado la hora de unificar las disciplinas y desarrollar un lenguaje común para que el desarrollo sostenible trascienda las diferencias de las posiciones enfrentadas, es decir, para que el paradigma del desarrollo sostenible se posicione en la corriente dominante de la economía. De esta manera, a los políticos y a los encargados de formular políticas les resultará mucho más difícil ignorarlo.
Por esta razón, el Grupo sostiene que la comunidad internacional necesita lo que algunos han llamado «una nueva economía política» para el desarrollo sostenible. Esto significa, por ejemplo: mejorar radicalmente la interfaz entre las ciencias ambientales y la política; reconocer que en determinados aspectos ambientales, como el cambio climático, los «fallos del mercado» requieren regulación y lo que los economistas reconocerían como el establecimiento de precios para las «externalidades ambientales», haciendo explícitos los costos económicos, sociales y ambientales de la acción y la inacción; reconocer la importancia de la innovación, las nuevas tecnologías, la cooperación internacional y las inversiones para responder a estos problemas y generar mayor prosperidad; reconocer que debería acordarse un enfoque para cuantificar el costo económico de la exclusión social persistente —por ejemplo, el costo de excluir a las mujeres de la fuerza de trabajo; reconocer que los mercados privados no pueden dar por sí solos una respuesta adecuada a la crisis de la seguridad alimentaria; y exigir que los organismos internacionales, los gobiernos nacionales y las empresas privadas contabilicen y reporten los resultados anuales que han obtenido para promover el desarrollo sostenible, aplicando las medidas de sostenibilidad acordadas. También debemos reconocer que este es el reto central de la política. A menos que el proceso político sea capaz de asumir plenamente el paradigma del desarrollo sostenible no podrá haber progreso.
La escala de la inversión, la innovación, el desarrollo tecnológico y la creación de empleo, necesaria para el desarrollo sostenible y la erradicación de la pobreza, supera la capacidad del sector público. Consiguientemente, el Grupo aboga porque se utilice el poder de la economía para forjar un crecimiento inclusivo y sostenible, y crear valor más allá de estrechos conceptos de la riqueza. Los mercados y la iniciativa empresarial serán un factor primordial en la adopción de decisiones y en el cambio económico. El Grupo emplaza a nuestros gobiernos e instituciones internacionales al desafío de colaborar en mayor medida para resolver problemas comunes y promover intereses compartidos. Solo puede darse un salto gigante si los actores están dispuestos a unirse en coaliciones con visión de futuro y a tomar la iniciativa para contribuir al desarrollo sostenible.
El Grupo sostiene que al adoptar un nuevo enfoque para la economía política del desarrollo sostenible llevaremos el paradigma del desarrollo sostenible de los márgenes, a la corriente principal del debate económico global. Así, el costo de la acción y el de la inacción serán transparentes. Solo entonces el proceso político podrá reunir los argumentos y la voluntad política necesarios para actuar en pro de un futuro sostenible.
El Grupo pide que se emplee este nuevo enfoque para la economía política del desarrollo sostenible, con objeto de responder al reto del desarrollo sostenible de una manera nueva y operativa. Es evidente que el desarrollo sostenible es un buen objetivo. Nuestro reto es demostrar que es asimismo racional —y que los costos de la inacción son mucho mayores que los costos de la acción.
El informe del Grupo presenta una gama de recomendaciones concretas para hacer avanzar nuestra visión de un planeta sostenible, una sociedad justa y una economía en crecimiento:
Es indispensable que reconozcamos un nuevo nexo entre alimentos, agua y energía, en lugar de tratarlos en diferentes silos. Las tres necesidades deben estar plenamente integradas, no abordarse por separado, si queremos hacer frente a la crisis alimentaria mundial. Es tiempo de iniciar una segunda Revolución Verde —una «revolución verde durable»— que duplique los rendimientos pero se construya con base en los principios de la sostenibilidad;
Es hora de esfuerzos mundiales audaces, que incluyan el lanzamiento de una gran iniciativa científica mundial para fortalecer la interrelación entre la ciencia y la política. Tenemos que definir, a través de la ciencia, lo que los científicos llaman «límites planetarios», «umbrales del medio ambiente» y «puntos de inflexión». Se debe dar prioridad a los desafíos a los que se enfrenta el medio marino y la «economía azul»;
La mayoría de los bienes y servicios que se venden hoy en día no reflejan todos los costos ambientales y sociales de su producción y consumo. Basándonos en la ciencia, tenemos que alcanzar un consenso sobre las metodologías que deben utilizarse para establecer estos costos apropiadamente. Establecer los costos de las externalidades ambientales podría abrir nuevas oportunidades para el crecimiento y los empleos verdes;
Para hacer frente a la exclusión social y a la amplia desigualdad social se requiere, asimismo contabilizarlas, determinar sus costos y responsabilizarse por ellas. El siguiente paso es explorar formas de cómo tratar estos temas críticos a fin de lograr mejores resultados para todos;
La equidad tiene que estar al frente de todo. Los países en desarrollo necesitan tiempo, así como apoyo financiero y tecnológico, para la transición hacia el desarrollo sostenible. Tenemos que empoderar a toda la sociedad —en especial las mujeres, los jóvenes, los desempleados y los sectores más vulnerables y débiles de la sociedad. Y para aprovechar apropiadamente el bono demográfico, debemos incluir a los jóvenes en la sociedad, la política, el mercado laboral y el desarrollo empresarial;
Cualquier cambio serio hacia el desarrollo sostenible requiere la equidad de género. La inteligencia y la capacidad colectivas de la mitad de la humanidad es un recurso que debemos nutrir y desarrollar, por el bien de todas las generaciones futuras. El siguiente incremento del crecimiento global bien podría provenir del pleno empoderamiento económico de las mujeres;
Muchos afirman que si algo no se puede medir tampoco se puede controlar. La comunidad internacional debería medir el desarrollo más allá del producto interno bruto (PIB) y establecer un nuevo índice o un conjunto de indicadores para el desarrollo sostenible;
El desarrollo sostenible requiere fuentes de capital nuevas e importantes del sector privado y del sector público. Requiere la movilización de más fondos públicos y el uso de capitales globales y nacionales para apalancar capital mundial privado mediante el desarrollo de incentivos. La asistencia oficial para el desarrollo también continuará siendo crucial para atender las necesidades

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